lunes, 6 de octubre de 2014

Limeñadas

(las peruanadas serán escritas dentro de poco)

La culpa es un invento de las culturas judía y árabe que aprendimos a través del catolicismo. En otras culturas milenarias, como las orientales y las originarias de las américas, la culpa, tal como la formula el cristianismo, no existía.

La psicología humanista, la cognitiva y el psicoanálisis contemporáneo coinciden en criticar la culpa por ser poco saludable emocionalmente, tanto cuando se culpa a otros, como cuando se hace así mismo. Cuando nos centramos en hallar al culpable, sin una visión comprensiva de las circunstancias y los actores, perdemos la capacidad  autocrítica, por lo que estamos expuestos a repetir nuestros errores y ser vistos como soberbios, dañando nuestra relación con el resto. Cuando nos culpamos a nosotros mismos, tendemos a sobre-examinar nuestro pasado, atándonos a él, y nuestra capacidad de acción disminuye. Además, en la tradición católica, la culpa se expía con un acto de constricción y la confesión, por lo que solemos demandar al supuesto culpable una confesión pública.

Estas consideraciones son válidas para todo quehacer humano, incluyendo la política. En vez de asumir responsablemente las consecuencias de nuestros actos y decisiones y superarlos (que sería la recomendación de cualquier psicoterapeuta), desgastamos tiempo, energía y afectos en determinar culpables.

Como tampoco está en nuestras manos viajar en el tiempo para modificar los hechos, son totalmente improductivas preguntas como: ¿y si hubiera habido primarias?, ¿y si poníamos a otra candidata? ¿y si no hubieran roto?, ¿y si no hubieran presionado para evitar la centro-alianza?, ¿y qué tal si no revocaban a los regidores?, ¿y si no se hacía la alianza con el PPC?, ¿y si se hubieran comunicado mejor las obras?, ¿y si los medios no estuvieran en contra?, ¿y si se hubiera mantenido la alianza con Patria al llegar?, ¿y si no se revelaba el “poto-audio”?... ¿y qué tal si la lista del 2010 hubiera pasado por primarias mejor?

La inutilidad del ejercicio es que es interminable si se realiza de manera objetiva, y si se hace desde la subjetividad –como siempre- nos detendremos en quien tiene cara de sospechoso/a, y entonces le exigimos –según nuestra cultura católica que prevalece aún en ateos- que confiese para poder imponerle una penitencia. Porque solo si confiesa y cumple su penitencia podrá obtener el perdón. Mientras tanto, nos sentimos en libertad de guardar rencor, y en virtud de ese rencor, continuar culpando e injuriando.

La actitud racional (madura) es leer los hechos sin buscar culpables, sino aprendizajes que permitan tomar decisiones para el presente con proyección al futuro. Los hechos nos dicen que no somos iguales, que tenemos diferencias programáticas, estratégicas y tácticas, y que ni siquiera hay claridad en todos sobre el sujeto político a representar.

Son los hechos, sobre ellos se ha de evaluar las conveniencias o no de alianzas en determinados contextos, electorales o no; y probablemente sea más en lo no electoral, en las coyunturas cotidianas donde se cristalicen las alianzas. Es la cotidianeidad la que suele dar cohesión e identidad, no la presión, la descalificación o el chantaje.

Los hechos nos dicen que en cuatro años nadie ha logrado empatizar con la población limeña, o habríamos tenido más votos viciados o por Diálogo Vecinal, en vez de la migración del voto anti-castañeda a Cornejo. Quisimos llevar a la población a una polarización entre la honestidad y la corrupción, cuando la queja reiterada de choferes, cobradores, comerciantes informales y sus familias era que “Susana no deja trabajar”. Es esta “clase sobreviviente” (a la violencia, al desplazamiento, la migración y la invasión, a la exclusión,  a la hiperinflación, al neoliberalismo) la que busca ser representada, aquella que, parafraseando el Programa de la Gran Transformación, no se ha beneficiado del crecimiento económico.

Para lograr esa conexión, poco aporta pasearse por los medios golpeándose el pecho o señalando con el dedo a quien no supo… ¿qué?: ¿escoger aliados?, ¿hacer campaña?, ¿gobernar después de la revocatoria?, o ¿gobernar desde el primer día como regidores y alcaldesa? Acá lo que queda es actuar desde la oposición y construir con el pueblo de Lima. De lo contrario, la próxima vez no solo será un corrupto eficiente o quien mate menos quien nos gobierne, sino que se irá abriendo paso otro sector que ayer casi logró la representación en un distrito: el “fascismo nice” de Madeleine Osterling y su virtual regidor electo Oliver Stark.  Existe la izquierda más allá de Villarán. Existe la izquierda más allá de las limeñadas. Existe, incluso más allá delos intentos fallidos de unidad, porque está en las garras que han permitido a limeños sobrevivir todo este tiempo, y que hasta ahora no hemos podido representar.


lunes, 22 de septiembre de 2014

No es por Susana

No voté por Villarán (como me refiero a ella siempre en anteriores escritos), no sería lógico hacerlo ahora. No voté porque no creí que su propuesta fuera una opción de izquierda, además de la inexperiencia de su equipo. Los primeros meses de su gestión parecían corroborar esa impresión, pero de pronto sucedió algo insospechado: Las derechas, pero sobre todo las mafias le temían.

En la vida como en la política y el arte hay escenas que solo se aprecian en su real dimensión a distancia. Así, lo que de cerca parece una superposición desordenada de grupos o puntitos en disputa, para las mafias es la configuración del enemigo en un cuadro impresionista.  

En la izquierda actuamos como esquimales, diferenciando decenas de tonalidades de blanco (o rojo), en tanto la derecha siempre ha sido daltónica. Por eso, mientras discutimos si Villarán es blanco humo o está fuera de los blancos, a ellos les basta con saber que no es de los suyos para rechazarla.
Villarán no ha hecho una gestión de izquierda. Ha hecho obras (duela a quien le duela), pero no se necesita ser de izquierda para hacerlas. Ha hecho obras y NO ha robado, y no debería necesitarse ser de izquierda para no robar. En suma, les ha “maleado” el negocio a la mafia y eso es lo que no le perdonan. Sostengo que este gobierno no ha sido de izquierda porque de haberlo sido habría previsto mejor los impactos del traslado de La Parada y la Reforma del Transporte. Ambos emblemáticos y necesarios, con los que tal vez pase a la historia; pero concebidas
desde la clase media, y no desde esa clase “sobreviviente” que es la mayoría en Lima.

Seguramente había mejores formas de enfrentar estos comicios, de establecer alianzas y regidores, pero difícilmente otro candidato con mejores opciones que alguien que ya es conocido. Reemplazarla hubiera significado ante la ciudad reconocer su “incapacidad”, lo que en boca de la derecha mediática significa la “incapacidad de la izquierda”; porque, reitero,  para la derecha si tiene pico de pato, patas de pato y pone huevos, es un pato, aunque para nosotros sea un ornitorrinco.

Ya no interesa quién dijo qué, quién traicionó a quién, qué adjetivos se utilizaron… un duelo normalmente dura novena días, ese tiempo ya pasó, ahora toca mirar adelante que significa sortear dos batallas: Vencer el “roba pero hace obra”  y evitar que le den una paliza a lo que la derecha, ese “otro”, ha nombrado “izquierda”, porque esa concepción es la que han logrado instalar los medios en el imaginario de la mayoría, para bien (la izquierda existe) o para mal (no es la izquierda que queremos).

El 2010 todo mundo daba por sentado que yo iba a votar por Susana y me tuvieron podrida hasta las 3pm pidiéndome que sea personera, después de ver hasta en la sopa las chalinas verdes y los pines de pick-badges en el Facebook cual limones en remate. ¿Dónde se fue todo mundo? ¿Ya no viven en Lima? Villarán se salió con la suya, sí, ¿hasta cuándo durará el duelo? Seguramente merece un castigo, pero no seamos sus verdugos, la cola desde Alditus hasta Orión para pegarle es más larga que la del corredor azul en hora punta. La verdad Villarán jugó al todo o nada con la reforma y sus alianzas… y sabemos lo que pasa con las apuestas.


No votes por Susana, no le hagas campaña, yo tampoco lo haré. Yo votaré para defender ese imaginario incipiente de la izquierda, porque así, gaseoso, efímero, irreal, es más de lo que nos dejó Fujimori, y porque si lo llenamos de contenido será nuestra principal arma para el 2016, para recordarles que la izquierda sí existe. Es tiempo de politizar esta campaña y trascendernos a nosotros mismos, ya no por la ciudad como en la revocatoria, sino por el país. La batalla tal vez esté perdida, pero no la guerra.

domingo, 20 de abril de 2014

En defensa de Isabel Flores de Oliva

"Patrona de América 1" por Jorge Miyagui
http://jorgemiyagui.blogspot.com/2011/01/patrona-de-america.html
El 20 de abril de 1586, o tal vez el 30 nació una limeña mestiza, que es una de las pocas mujeres de la colonia de quien conocemos parte de su historia y existencia. Ello gracias a que la iglesia católica al declararla “santa” desarrolló una importante investigación y guarda documentos sobre su vida.

Es curioso que a casi 400 años de su muerte, esta mujer siga levantando pasiones encontradas, están quienes la reivindican como una santa milagrosa, orando y ofreciéndole devoción, y hay quienes la detractan tildándola de masoquista y loca.

Sobre la santidad, esta es una categoría propia de la iglesia católica que es quien la otorga siguiendo sus protocolos. Si se es creyente, se acepta esta categoría, si no se es creyente, resulta un tanto ocioso debatir la santidad de una persona, ya que desde el momento en que no se es católico, no se cree en los santos en general, menos en una en particular. También las ciencias de la salud mental tienen sus protocolos para determinar la patología de una persona, una de ellas es que el comportamiento sea extraño para su cultura y sociedad. En la época en que Isabel vivió, la forma de meditación que estaba de moda era el dolor físico, así como hoy está de moda el yoga. Si alguien alcanza mantener por horas una posición extravagante de yoga, no le tildaremos de loco, sino de maestro. Entonces, para su época el lograr hazañas en la forma de meditación de moda no era locura, sino maestría. Loca, además es una categoría usada para deslegitimar a una mujer que no sigue los patrones de conducta esperados para su rol de género en una sociedad.

Desde una postura objetiva y agnóstica, Isabel no fue ni santa ni loca. Situándonos en la época, ser hija de un soldado español y una mujer indígena marcaba un estatus en la sociedad, y se esperaba de ella un buen matrimonio que permitiera a la familia ascender socialmente al estar en un punto intermedio dentro de la pirámide social, el que posiblemente logró su padre con gran esfuerzo al salir de España. Arguedas procesó este dilema de identidad a través de la literatura, Isabel, intentó hacerlo mediante la meditación y el acercamiento a los indígenas (que eran los “pobres”).

Para una mujer en esa época solo habían dos opciones de vida: casarse o ser monja. Isabel tenía una clara vocación de servicio y de acercarse a los indígenas que conoció en su infancia en Quives. La única forma de desarrollarla era la religión. Sin embargo, sus padres se opusieron firmemente, porque bloqueaba así las oportunidades familiares de desarrollo económico y social. Isabel buscó compensar eso trabajando en una de las pocas opciones para una mujer de su rango social: la costura y bordado, aun así no era suficiente, y finalmente nunca le permitieron ingresar al monasterio, con argumentos no del todo esclarecidos.

Debió ser realmente molesto para sus padres y hermanos que Isabel no solo insistiera en ir a cuidar enfermos sino que se reuniera con el mulato e hijo ilegítimo Martín de Porras. Se dice que aprendía de él técnicas curativas. Se sabe que muchas de ellas venían del conocimiento africano. Esto hubiera sido suficiente para acusarla de bruja, por ello seguramente es que no se guardan registros de dichas reuniones, a pesar que luego Martín fuera también reconocido como santo. Pero el estrecho vínculo que mantuvo con las autoridades eclesiales de la época valió para que su comportamiento fuera de la norma para una mujer de la época no fuese tildado de brujería.

Isabel hizo una vida que ninguna otra mujer hubiera logrado en esa época sin el apoyo de un sector de la iglesia católica. Este apoyo, de seguro no surgió únicamente del reconocimiento de su espiritualidad como ellos afirman en sus documentos, sino de la popularidad de la que gozaba “Rosa” entre criollos e indígenas, esa gran masa subyugada en la colonia de la que España temía siempre una rebelión. Ya que ella se limitaba a las obras de caridad, no era peligrosa, y más bien notaron pronto que su carisma podía ayudar a convertir al catolicismo a esta masa temida, y con ello, ejercer cierto control. Por ello no debe extrañar que los trámites para su canonización fueran iniciados (y culminados) relativamente rápido.

La iglesia católica siempre ha actuado combinando criterios espirituales y políticos desde su triunfo en Roma. Por ello transformaron la imagen de Isabel Flores de Oliva, incluyendo el nombre con el que se había hecho popular: Rosa. El catolicismo fue una herramienta para la colonización, y fue estratégico nombrar a una santa mestiza para afianzar la religiosidad en las américas. La opción contraria suponía reconocer que una mujer podía escapar al destino del matrimonio, rehusar los patrones estéticos de la época, revalorar su identidad hacia lo indígena, emplear plantas curativas, predicar,  y mantener diálogo con las autoridades civiles y religiosas de una de las principales capitales de la colonia americana. Es decir, hubiera supuesto acusarla y condenarla de brujería, lo que hubiera sido terriblemente contraproducente dada su ascendencia entre criollos, mestizos e indígenas.

Isabel logró a partir de su propia lectura de la biblia forjarse a sí misma una opción de vida aceptada socialmente y que le permitió su propia autorrealización. Al afearse espantaba pretendientes, al hacer caridad seguía su vocación de servicio, al castigar su cuerpo desarrollaba la meditación, al predicar lograba interceder (incidir) por los indígenas frente a las autoridades, al dialogar con religiosos evitaba ser catalogada de bruja.


Es tiempo de reconocer en esta limeña el real personaje histórico que significó, y desligarnos de la imagen que la iglesia nos vendió de ella, que enfatiza sus milagros y su mortificación porque eran los valores que el catolicismo realzaba entonces. Verla como lo que fue: una mestiza de las primeras generaciones, sensible a la explotación minera de los indígenas, con un carisma sinigual y que trazó su propio camino en medio del machismo colonial.

martes, 15 de abril de 2014

¿Y si el plan siniestro es salvar niños?

La oposición a la unión civil en Perú es tan criollamente hipócrita que bien podría ser relatado por Ricardo Palma. Tiene toda esa doble moral que ha colonizado nuestras mentes e impide afirmar que estamos en un Estado demócrata o liberal.

Hoy lo que está de moda no es ser gay (eso es una orientación, no una opción, menos moda), sino ser tolerante o hasta gay-friendly. Está tan de moda, que muchos homosexuales y lesbianas, en vez de salir del closet para luchar por sus derechos, adoptan la pose del open-mind-liberal-europeo, toreando hábilmente las preguntas por su orientación. A nivel individual es totalmente válida esta opción, pero a nivel social, lamentablemente es un síntoma de que aún no estamos cambiando las mentalidades.

De hecho que sea políticamente incorrecto declararse públicamente homofóbico es un enorme paso, pero que solo se ha dado en algunas esferas principalmente limeñas. No nos engañemos, hace décadas que todo el mundo dice que no es racista, y ahí seguimos. Esa es nuestra habilidad colonial, de tapada limeña que sale a divertirse y el domingo está comiendo hostias.

Que el lado más recalcitrante de la iglesia haya optado por sembrar la idea de que el paso siguiente es la adopción de hijos por las parejas homosexuales, es prueba de ello. Astutamente ofrecen al homofóbico que ya no quiere identificarse abiertamente como tal, una salida para expresar su oposición.

Es bastante iluso que la orientación sexual de los padres determinará la de los hijos. Si la orientación se transmitiera padre-hijo por crianza, no existiría la homosexualidad, ya que casi todxs lxs homosexuales son hijos de parejas heterosexuales que los criaron para que fueran heteros.

No ahondaré en el punto. Ese no es el debate. Acá se debate el acceso a derechos, no el supuesto origen de la orientación sexual.

Y si los hijos de homosexuales son homosexuales, ¿qué? Nadie se preocupa si los hijos de los abogados son abogados, si los hijos de los rubios son rubios o si los hijos de los humanos son humanos, o si los hijos de las palomas son dios.

Más allá del determinismo simplista sobre el destino de quienes sean criados por gays o lesbianas, lo que subyace detrás de esta preocupación es el supuesto que la homosexualidad es mala. No es una preocupación por el abuso sexual del que puedan ser objeto. Una auténtica preocupación por la integridad sexual implicaría impulsar la educación sexual integral, combatir toda forma de violencia contra la mujer, y no obligar a una mujer víctima de violación a culminar un embarazo no deseado.

Si el paso siguiente a la unión civil, es la adopción de niños y niñas por estas nuevas parejas legalmente reconocidas, pues perfecto, deberán ser sometidas a la misma evaluación que toda pareja, adoptar en el Perú tiene un protocolo lo suficientemente complejo como para evitar que menores caigan en manos de pederastas heterosexuales, ¿cuál es el problema?

Si el paso siguiente es la adopción, a lo mejor habrá menos huérfanos en centros de cuidado a cargo de pederastas como en la iglesia comprenderán.


Si el plan siniestro que sigue a la unión civil es que haya menos niños y niñas en las calles, y más familias peruanas diversas llenas de amor en igualdad de derechos, no suena realmente siniestro.

domingo, 16 de febrero de 2014

Del APRA y otros demonios

En la segunda mitad de los noventas, en las marchas contra la dictadura fujimorista, en algunos espacios el APRA era un aliado circunstancial, y lo fue hasta el final de la dictadura, en la marcha de los cuatro suyos y en la recuperación de la autonomía universitaria. Luego vino el vladivideo, la renuncia por fax, el gobierno de transición y la alianza se acabó. Hasta el día de hoy.

Eran circunstancias excepcionales que no se han vuelto a repetir, y esperamos no se repitan. No por un rechazo visceral al APRA, sino porque significaría estar realmente en una grave crisis para el país. Fue el APRA quien dejó en claro que la alianza se acabó con el retorno “triunfal” de García que se victimizaba como perseguido político cuando en realidad huyó a esperar a que sus robos prescribieran, y pronto estableció una alianza con el fujimorismo para garantizar su propia impunidad por los crímenes de sangre de su primer gobierno.

García y sus secuaces han reiterado que no existe alianza alguna ni buena voluntad con el resto de partidos (menos el de gobierno) al salir por su lado a comentar el fallo de La Haya violando el pacto acordado. Su batalla es por el poder, no por el pueblo.

Su intención al criticar los aumentazos es atacar al gobierno para jalar agua hacia su molino, no luchar por mejoras laborales. Al asistir a la marcha convocada por ciudadanos solo pretendían usurpar el liderazgo de la indignación popular.

Hicieron bien quienes convocaban a la manifestación en deslindar con ellos en esta ocasión, y los apristas que se aparecieron en la Plaza San Martín tenían la clara intención de provocar. Mal que bien, tienen una (de)formación política que carecen gran parte de manifestantes independientes de a pie que acudieron enterándose por las redes sociales.

Los medios de comunicación que responden a los mismos intereses económicos de Castilla (autor del aumentazo) y que se empeñan a mostrar a la izquierda como incapaz de organizarse a sí misma, y por ende incapaz de gobernar, encontraron en la bronca la oportunidad para desprestigiar la indignación ciudadana y dejar de cubrir el total de la marcha que llegó pacíficamente (con inusual apoyo policial) hasta el local del Partido Nacionalista.

Los medios dan cabida a la crítica del aumentazo para apoyar a García en su posicionamiento contra el gobierno, pero no quieren ver el tema de fondo: la desigualdad.

Insistir en sindicar el error de un grupo de manifestantes de caer en la provocación aprista es seguirle el juego a los medios que sirven al sistema neoliberal. Pensar que debió permitirse al aprismo o al fujimorismo participar, es creer que ellos iban a compartir el tema de fondo, cuando ambas fuerzas en sus respectivos primer y segundo gobiernos, solo han atacado a los sindicatos y a la clase trabajadora.

En los noventas hice amistades apristas (que he ido perdiendo por desacuerdos políticos) y aún tengo un cariño entrañable por algunos.  El tema es de fondo, no de simpatías o antipatías, por lo que sostengo que en las sucesivas manifestaciones, se deberá seguir deslindando y denunciando el proceder de estas mafias con fachada de partidos.



martes, 7 de enero de 2014

¿Derecho contra derecho? O por qué el serenazgo puede pegarle a las trabajadoras sexuales y las rondas campesinas no

Dicen que la prostitución es el oficio más antiguo, y aunque más antigua es la agricultura, ciertamente desde que la humanidad empezó a organizarse en conglomerados más grandes, denominados ciudades o metrópolis, surgió el intercambio de sexo por dinero. Sin embargo, debemos precisar que también desde el inicio, la prostitución ha estado íntimamente vinculada a la explotación y esclavización de mujeres, tanto, que casi son sinónimos, y son excepcionales los casos en que se ejerce en total libertad y sin estar vinculado a pobreza o adicción.
                                                                                                                                                  
Las trabajadoras sexuales son mujeres con los mismos derechos que el resto de personas, que desarrollan una actividad económica que no es delito en nuestro país, aunque se mantiene gracias a la ideología machista. Las trabajadoras sexuales suelen estar en uno de los escalones más bajos de la sociedad y sufren discriminación acumulada por su condición de mujer, de pobreza, del trabajo que ejercen, y a ello se le suma en ocasiones la edad, vivir con VIH, o su identidad de género en el caso de las travestis y transexuales. Esta posición hace que prácticamente se les niegue el derecho a tener familia, siendo por lo general explotadas por sus parejas, y uno de los insultos más duros y frecuentes es decirle a alguien “hijo de puta”.

¿Qué hace entonces que algunos periodistas salten a denunciar un hecho de violencia contra quienes están en el último escalón de la sociedad?, ¿qué hace que quienes no tienen muchos reparos en comercializar con la imagen de la mujer, ahora recuerden que también las trabajadoras sexuales tienen derechos?, y ¿por qué nunca hubo esa denuncia ni esa indignación frente a los casos cotidianos de violencia física de miembros de la policía y serenazgo a trabajadoras sexuales?

Las rondas campesinas son una forma de ordenamiento y control propia de muchos pueblos andinos. Son parte de esa organización y cultura característica que de acuerdo al Convenio OIT 169 hacen que un pueblo pueda ser considerado originario, y al ser una forma de aplicación de justicia conforma parte del derecho consuetudinario. No digo que por ello sean buenas y haya que aceptarlas, personalmente creo que debemos caminar hacia formas de administración de justicia más humanas que la pena de muerte en países como EEUU o las redes de corrupción que imperan en nuestro país. Ellos tienen el derecho a preservar su cultura, tanto como las mujeres a su integridad física. Situaciones así merecen un análisis más profundo del que se le está dando.

Cuando un rondero ejecuta un castigo físico, que está contemplado en sus funciones, nos asombramos, pero nos parece normal que un sereno haga lo mismo, aunque contravenga sus funciones.  Ello es porque reconocemos la autoridad que representa el sereno, pero no la del rondero; pero yendo más allá, es porque aunque la prostituta está en uno de los últimos escalones, los pueblos indígenas y sus patrones culturales, siguen un paso más atrás para muchos.

Saludaría si la crítica fuera siempre hacia el machismo y trabajásemos en la deconstrucción de prácticas violentas, sin embargo, el que la indignación no se produzca frente a otros casos, hace dudar que sean la violencia y el machismo lo que se objeta, como si esto fuera exclusividad de los ronderos, o de repente no les molesta que las golpearan, sino que fuera “tanto”. Pero nuestra sociedad es de “todos contra todos”, hay quienes sí respaldan la acción de los ronderos y los colocan un peldaño encima de las trabajadoras sexuales. Suelto una última hipótesis, y es que todo depende de si uno es más racista que machista, o más machista que racista, y el que esté libre de prejuicio que tire la primera piedra.


jueves, 5 de diciembre de 2013

Después del último cartucho


“Bolognesi en Arica” es la más reciente obra del director y dramaturgo peruano Alonso Alegría, quien demuestra en esta obra por qué es uno de nuestros mejores y premiados teatristas. Estrenada en julio de este año, el Festival de Artes Escénicas - FAEL organizado por la Municipalidad Metropolitana de Lima tuvo el gran acierto de reponerla para que llegue al mayor público posible.

La obra cuenta con un minucioso estudio histórico y una limpia propuesta en la dirección, escenografía y vestuario, pero su principal valor reside en la recreación de las motivaciones y sentimientos de sus protagonistas, su búsqueda de soluciones, su impotencia, la búsqueda incesante de aliados, de alternativas, la sinergia y el compromiso.

La obra nos presenta a personas ordinarias, militares, civiles, hombres y mujeres, enfrentando una situación extraordinaria, donde el heroísmo no radica en dar la vida, ni siquiera en seguir luchando sabiendo que la batalla está perdida. Es la capacidad de no perder la verdadera finalidad de nuestro accionar en un contexto y la trascendencia de nuestras acciones las que explican la decisión de estos peruanos, peruanas, y un argentino luchando por la patria grande. Retomando ese espíritu también en el elenco, una venezolana (Kathy Serrano) es la que guía al público en esta reflexión y (re)descubrimiento de este momento de nuestra historia e identidad, mientras también se debe destacar el logrado Bolognesi que nos ofrece Diego Lombardi.

Hacia el final de la obra, la frase de “quemar el último cartucho” se va convirtiendo en un mantra que resume no solo el saber luchar, sino el saber para qué y por qué luchar. Hoy podemos encontrar ese espíritu en las madres sin hijos del conflicto armado que siguen buscando sus cuerpos sabiendo que no los encontrarán, y en los pueblos indígenas que demandan sus derechos sabiendo que el poder económico los seguirá aplastando.

Lo que nos transmite “Bolognesi en Arica” es la tarea que nos queda como país después que ya fue quemado ese último cartucho, y que no es otra sino, seguir perseverando.


Artículo redactado para la Revista LA TOMA --> https://www.facebook.com/revista.latoma?fref=ts